lunes, 13 de enero de 2020

2019-12-27 Prospecciones Alto Tejuelo, S.L. presenta…

Las locas correrias de 5 colgados contra las heladas nocturnas y las rampas empinadas.



Viernes, 27 de diciembre de 2019.

En un remoto lugar del planeta Cantabria se encuentra el ansiado lapiaz que oculta, bajo sus puntiagudas defensas, el tesoro ansiado por los colgados espeleólogos. Esta vez íbamos 5 personas (espeleólogos ninguno, aprendices si acaso). Salimos de Burgos bien tarde (por eso de no perder las malas costumbres). Dos vehículos, Mónica, Alejandro, Chiara, José Miguel y el que suscribe (David). Parada en Espinosa para café, pipí y cenar algo en la furgo. Portillo de la Sía para arriba (ni rastro de nieve) y llegamos a destino. En cuanto llegamos, notamos en nuestro interior, con dolor, la helada que estaba cayendo. Así que cama y a soñar con el prado y los agujeros del día siguiente.


Sábado, 28 de diciembre de 2019.

Vaya pelona ha caido, 9 arriba y están los cristales como si los hubiéramos metido en el congelador… Desayuno rápido en el bar (por eso de entrar en calor) donde nos encontramos un compañero maño que está con la familia. Preparar todo y sobre las 10 ya habíamos aparcado la furgo y empezábamos a caminar. Justo cuando el sol empezaba a bañar el valle (qué suerte).



Esta vez el plan era sencillo, paseo por la zona a localizar cositas para revisar más adelante con los días más largos y asomar el culo al agujero de la otra vez (tenía ganas, ¿vale?). Variamos el camino, por ver si accediendo desde otro lado se podía llegar más rápido y al final mismo tiempo y casi igual esfuerzo.

Eso sí, pillamos un agujero con referencia de otros grupos, con reseña pero sin topo. Se marcó y queda pendiente para hacer la topo otro día.

Encontramos el bujero del finde de los santos, me visto de romano, organizo cacharros, aprieto el culo… Pim, pam, pim, pam, … Aquí suena bien, taladro, taladro, dos chapas, mosquetones, nudos, apretar el culo y a bajar… (Qué nervios, es mi primerita vez…). La cosa es que después de la rampa y dos fraccionamientos (sólo llevaba un 30, la idea era olisquear nada más) la cosa pintaba muy bien, en la base del primer tramo del pozo se abren 4 agujeros, por uno se colaban las piedras que tirábamos. Lo miro, hablo con José y Mónica que estaban arriba por si acaso y decido subir a por el móvil. Un vídeo del sitio creo que estará bien para enseñar a los que saben más.

Mónica y José se están iniciando en esto de la espeleo vertical y parece que les gusta. Les ofrezco asomar el culete hasta el fin de la rampa, ellos eran los que habían encontrado el pozo, era justo. Se asoman y flipan con lo que ven (o lo poco que ven, jajaja).

Para cuando han mirado yo ya estoy dispuesto para bajar, vídeo, alguna piedra para tirar (acerté a la segunda, grabándolo en vídeo). Tiro la piedra, plonk… plonk… más plonk, algún plink y… tras bastantes segundos se deja de oir. Jodo, qué miedito. Encima suena como a volumen… Yo me froto las manos, pero noto el esfínter apretaete… El día que bajemos va a ser un subidón.

Mientas, Alejandro y Chiara han estado mirando por los alrededores, fotillos, flipan con el paisaje (sigo diciendo que es una pasada ese lapiaz). José y Chiara llegan a una fractura justo enfrente de la rampa de entrada al pozo que hemos acordado llamar “MariCarmen” y tras una pequeña gatera han llegado a lo que parece un pocete de unos 10 metros, otra cosa más para revisar (¡y todo en un palmo de terreno! Vaya filón de gente, qué olfato.).

Recogemos los trastos, comemos en una pequeña campa al lado, mochilas preparadas y nos disponemos a bajar con el sol comenzando a irse. En el camino de bajada marcamos otro par de sitios para revisar y llegamos a Bustablado.

Una cervecita por eso de no perder las buenas costumbres, nos cambiamos y a la capital del mundo a tomar algo. Al final cenamos y bebimos en Arredondo. Allí mismo dormimos con idea de intentar ir el día siguiente a revisar una incógnita (un pocito) de una cueva muy cercana a la carretera en la que estuvimos en el puente de los Santos y que no encontramos.

Domingo, 29 de diciembre de 2019.

Nos levantamos a eso de las 9 y buscamos un bar para desayunar. Está todo cerrado en Arredondo así que nos vamos a Bustablado. Desayuno, preparar los trastos y a buscar el pocete que nos quedó pendiente la otra vez.

Esta vez sí que lo encontramos (gracias Nano por los reflectantes). Damos una vuelta por la cueva para conocerla y como está muy baja de agua pasamos los lagos del final para conocer esa parte. Vaya volumen más impresionante, y todo al lado de la carretera.

El paso para el pozo es una estrechez ascendente y luego un meandro que en el punto final tiene un paso bajo que hay que pasar completamente tumbado (a lo Superman, manos por delante y buzo contra la fría caliza). Y aquí lo dejamos por falta de tiempo. Según salimos nos acercamos a ver unas formaciones de una trepada y encontramos otra forma de acceder al inicio del paso estrecho al pozo. Con los deberes hechos, recogemos y para fuera.

A las 15 estamos donde Margari comiendo y después de un café salimos de regreso a Burgos no sin antes parar a admirar la cascada del Asón.

Volveremos, hay mucho pendiente.